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21 septiembre 2011

El hambre

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No hace falta ser sabio ni adivino para concluir que el gran problema que nos aguarda es el hambre. La población, unida al desastre medioambiental y a la precariedad de los recursos energéticos, principalmente el agua, dan como resultado la crisis mundial de la nutrición humana en los próximos decenios.

Sin equilibrio ambiental, no hay agua; si no hay agua, no hay pan; y si no hay pan, hambre asegurada. Los primeros signos de la debacle son la desertización, las crisis de la producción de cereales, las guerras del agua y la subida de los precios de los alimentos, que aqueja ya a todos los continentes. Antes que los problemas de la salud, la paz y la educación, el que cabe tomarse más en serio es el de la nutrición.

La historia de la humanidad es la epopeya del hambre: cómo ella ha diezmado la especie y cómo esta ha sobrevivido pese a todo. No hay novela que no recoja un episodio de hambre. Tener hambre es natural, pero pasar hambre es inhumano. El hambre es el tema consabido de la gran literatura y los grandes mensajes de la humanidad. Qué bien lo resume Vivien Leigh alcanzando el puño en el crepúsculo: «A Dios pongo por testigo: Juro que jamás volveré a pasar hambre». Uno ha oído historias parecidas, de cuando durante la Guerra Civil la gente se comía a los gatos o los niños se tumbaban a dormir de día para aplacar el hambre. En Rianxo y Noia les salvaron las sardinas y los berberechos, hoy artículos de lujo.

Y así hemos vivido, vencida el hambre hasta que ahora asoma su espectro en el corazón de los más pobres. Una de las primeras firmas farmacéuticas del mundo, con sede en Alemania, ya está perfilando el futuro de su negocio en función del hambre que se otea en el horizonte. Dicen que lo que mueve el mundo es el dinero; otros, que el sexo; y yo, que las emociones. Pero una y otra vez, nos damos de bruces con lo elemental: lo que nos mueve es saciar el hambre.

En Galicia existe el apellido Pan, nada famélico, que el origen del conocimiento humano es el afán de darse alimento. Se impone tomarse en serio esta amenaza.
Un más que interesante articulo que esperemos nos haga reaccionar mientras estamos a tiempo.

01 septiembre 2011

Mi primer recuerdo de la romería

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Corría el año 1961, se cumplen cincuenta años. Año caluroso en San Ramón de Bealo. Había carros de labranza de Dodro, Rianxo, Lousame, Noia, A Pobra, Porto do Son... En la carballeira y en las orillas del río Beluso a la sombra de los toldos, la gente comía conejo con tomate y empanadas como ruedas de carro, abría sandías y bebía vino de la nueva cosecha. Los niños lloraban o lanzaban gritos de felicidad que se confundían con la claridad del firmamento hasta hacerse de su misma naturaleza. Mujeres y jóvenes vestidos con el traje típico gallego no cesaban de hablar excitados a pleno sol de las tres de la tarde con las pantorrillas quemadas.

También se desarrollaban largos silencios. Muchos dormían la siesta. Había algunos caballos dentro del río Beluso con los ijares llenos de espuma. Aquellos labradores de Lousame y Outes con sombreros de paja conocidos como sancosmeiros, la camisa blanca manchada de vino tinto y los pantalones arremangados refrescaban a las caballerías con cubos de agua, y algunas relinchaban entre las muchachas que tomaban el baño en enaguas.

Dormidos en medio de la carballeira, se oían los pasodobles de los transistores traídos por los emigrantes franceses, suizos y alemanes mientras el fragor de la resaca junto a los párpados traspasados por la luz del sol iba hundiendo a los romeros en la penumbra hasta desaparecer en la oscuridad del inconsciente. Y al final del sueño, aún permanecías dormido entre el sopor y el alcohol. Al despertar de la siesta el sol ya se había ido y entonces sentías un escalofrío de dicha junto a la médula, en el lugar donde habías caído derrotado esa aquella tarde de verano de 1961.

Por la noche, en el palco de la música el célebre Chiclán nos deleitó con su rítmica batuta. Este es, poco más o menos, mi primer recuerdo de la romería de San Ramón de Bealo de hace cincuenta años. Entonces no había mesas, hoy, la gente reserva sitio con un mes de antelación.